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La cura de la suegra de Pedro



A Jesús le gustaba entrar a la casa de las personas.
Un día, Zaqueo se sentía despreciado y rechazado. Era un ladrón, y su conciencia le decía que no merecía acercarse a Jesús. Subió a un árbol y desde allí miraba al Maestro y cuando Jesús lo vio le dijo: "Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose y o en tu casa". Lucas 19:5.

Jesús siempre quiere entrar en las casas.

En el pasaje bíblico, vemos a Jesús entrando en la casa de Pedro. Como tú puedes ver, a Jesús le gustaba visitar la casa de las personas. Pero este pensamiento va más lejos, San Pablo dice que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Nuestro corazón es un templo, nuestro cuerpo es la casa de Dios. Jesús quiere vivir en nosotros a través de su Santo Espíritu. Jesús siempre quiere entrar en las casas. A veces, no puede entrar porque la casa está llena de basura por todos lados: debajo de la alfombra, en los cajones, polvo en los muebles; las paredes todas manchadas, sucias; las cañerías rotas, agua cayendo, techo agujereado, vidrios quebrados, ¡la casa es un desastre!
Jesús podría transformar toda esa situación, en un segundo; sólo que no puede entrar sin el consentimiento de la persona. Jesús nunca entra por el techo, ni por la ventana; Jesús entra por la puerta, no la derrumba. Espera que la puerta sea abierta, y la única persona que puede abrirla es el dueño del corazón. La puerta se abre del lado de adentro. 
En Apocalipsis, Jesús dijo: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo". Apocalipsis 3:20
En el griego original dice: "He aquí yo estoy a la puerta llamando". El verbo llamar está en gerundio. Jesús no deja de llamar, está siempre haciéndolo. 
El Señor llama a la puerta de tu corazón diciendo: "Hijo, quiero entrar en tu casa. Y si tú lo permites, voy a poner todo en orden y en armonía, voy a darte paz. Paz entre tú y tu esposa. Entre tú y tus hijos. Salud, bendiciones materiales, todo. Yo quiero entrar en tu casa, pero no puedo entrar a la fuerza".

Muchos hijos están muriendo literalmente en vida.

Pedro abrió su casa y Jesús entró. Y cuando Jesús entra, no encuentra las cosas limpias y ordenadas.
Casi siempre encuentra tragedias, dramas, problemas y luchas. Jesús encontró, en la casa de Pedro, a la suegra enferma consumida por las llamas de la fiebre. 
Hoy, muchas veces en nuestras casas, nuestros hijos están ardiendo en fiebre, no es fiebre física. Las llamas que están consumiendo las vidas de nuestros hijos son las llamas de la vida moderna, de los mensajes diabólicos que vienen a través de la televisión, del cine, de la música, de la literatura, del sexo antes del matrimonio. "Todo está permitido" - dicen. 
Esas llamas vienen en forma de filosofías modernas, liberalismo, promiscuidad, homosexualismo, cigarrillo, bebida. Muchos hijos están muriendo literalmente en vida, ardiendo en fiebre, consumidos por las llamas del agnosticismo y del secularismo.

¿Qué es el secularismo? 

El hombre secular no niega la existencia de Dios. El ateo niega a Dios, el secular lo acepta, pero en la vida del secular, Dios es poca cosa, casi nada, vale muy poco, no influye en nada. 
El secular es miembro de iglesia, pero eso no modifica su vida. Dios es apenas un detalle. Dios sirve, en el mejor de los casos, en ocasiones de peligro. Cuando el auto se está cayendo, allí el secular clama: -¡Ay, mi Dios, sálvame! Después que pasa el peligro, Dios no cuenta para nada. Eso es secularismo. Y esto está devorando la vida de nuestros hijos.

Las llamas del secularismo están quemando la vida de nuestros hijos. Pero, si abres la puerta de tu casa y dejas entrar a Jesús, las cosas pueden ser diferentes.El texto bíblico dice en el versículo 15: "Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía".

¿De qué vale que Jesús te salve si continúas en la vida de pecado? ¿De qué sirve que Jesús entre en tu casa y te cure si continúas viviendo una vida de pecado que te lleva de nuevo a la enfermedad? ¿De qué sirve que Jesús entre en tu vida si continúas atado a los vicios de antes? ¿De qué sirve que Jesús entre en tu casa, si vas a continuar peleando con tu marido o tu mujer, haciendo escándalo delante de todo el vecindario?

No, cuando Jesús sana, lo hace para toda la vida. Cuando te salva, lo hace para que vivas una vida de santidad.
El texto bíblico dice que cuando Jesús curó a la suegra de Pedro, "ella se levantó, y les servía". Hoy fuiste curado por Jesús. 

Entonces, inmediatamente, tienes que levantarte y comenzar a servir a Jesús. Tal vez, te estés preguntando: ¿Cómo puedo servir a Jesús?
Primero, tienes que bautizarte.Tienes que pasar por las aguas del bautismo y dar testimonio público de que entregaste tu corazón a Jesús.
En segundo lugar, tienes que buscar inmediatamente a otras personas que no conozcan a Jesús, y comenzar a ayudarlas. Si miras a tu alrededor, en el vecindario, ¡encontrarás tantos buenos vecinos que no conocen la Biblia! En el salón de clases, ¡tantos jóvenes que no conocen a Jesús! En tu lugar de trabajo, ¡tantas personas que nunca oyeron hablar de Cristo!
Jesús quiere que vivas como un hombre completamente nuevo.
Hoy fuiste curado. Levántate inmediatamente y sirve al Señor. 
Entra a la Iglesia a través del bautismo, comienza a cantar, sé un diácono, comienza a servir, como recepcionista, comprométete con la iglesia, participa de la vida de la iglesia. Si fuiste curado y permaneces acostado, la fiebre volverá. Fuiste curado, ¡vive como un hombre saludable! Fuiste transformado. Tu pasado no existe.
Las cosas viejas fueron hechas nuevas. Jesús quiere que vivas como un hombre completamente nuevo.

Se cuenta la historia de un perro sarnoso, pulguiento, flaco, con una pata quebrada que un día fue encontrado por un médico. Tuvo compasión del perro y lo llevó a su casa, le curó la pata, le sacó las pulgas, lo alimentó, y en pocos meses, el perro estaba lindo, gordo y lleno de vida. Un día, el médico dejó la puerta abierta y el perro desapareció. El hombre pensó:
- ¡Qué perro ingrato! Hice de todo por él, ahora dejo la puerta abierta y se va.- Al día siguiente, alguien estaba arañando la puerta. El médico la abrió y vio a su perro de vuelta, pero no estaba solo, había traído otros cinco perros pulguientos, sarnosos, flacos y con las patas quebradas.
Yo creo que esta historia fue inventada por alguien, seguramente no debe ser verdad. Pero nos enseña una lección maravillosa: Todos nosotros, un día cuando no conocíamos a Jesús, vivíamos en la lepra del pecado. Vivíamos en la parálisis de nuestra incapacidad. Estábamos quemándonos con la fiebre de este mundo, licenciosos y promiscuos. Jesús entró en nuestra casa y nos curó. Entonces, lo único que resta es levantarnos y servir al Señor Jesús, tomar la decisión del bautismo y después, seguir buscando a otras personas que no conocen a Jesús, para traerlas al Maestro.
¿No te gustaría decirle a Jesús: "Señor, yo quiero servirte, quiero bautizarme, quiero ganar a otras personas para ti, quiero enseñar la Biblia a otros"?

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