Texto base: 2 Pedro 1:4; Juan 15:11; 1 Corintios 6:19-20; Juan 17:21-23
Idea central
Una persona que realmente participa de la naturaleza divina manifestará tres evidencias inconfundibles: comunión con Dios, amor por las personas y consagración total a Cristo.
Palabra clave: EVIDENCIAS
La fe genuina no se demuestra únicamente con palabras, sino con evidencias visibles.
Introducción
El uniforme del equipo
Se cuenta la historia de un muchacho que fue adoptado por un rey. Después de la adopción, siguió viviendo exactamente igual que antes. Comía en el suelo aunque tenía una mesa real, vestía harapos aunque tenía ropas finas y reaccionaba con violencia aunque pertenecía a una familia noble.
Un día el rey lo llamó y le dijo:
—Hijo, no te adopté solamente para cambiar tu dirección. Te adopté para cambiar tu manera de vivir.
El muchacho respondió:
—Padre, todavía no he aprendido que pertenezco a tu familia.
Muchos cristianos viven exactamente así. Han sido comprados por la sangre de Cristo, pero siguen pensando, reaccionando y viviendo como si todavía pertenecieran al mundo.
Lo mismo ocurre con el cristianismo. Muchos llevan el nombre de cristianos. Muchos asisten a la iglesia. Muchos hasta conocen versículos.
Entonces surgen algunas preguntas profundas:
¿Hay evidencias de que Cristo vive en nosotros?
¿Puede el mundo observar que hemos estado con Jesús?
¿Existe algo diferente en nuestra manera de vivir?
Las reflexiones de Elena G. White nos muestran tres evidencias irrefutables de una vida transformada por Dios.
I. PRIMERA EVIDENCIA: UNA CORAZÓN LLENO DE LA PRESENCIA DE CRISTO
"Participantes de la naturaleza divina". (2 Pedro 1:4)
El problema de muchos cristianos no es la ausencia de actividad religiosa, sino la ausencia de intimidad con Cristo.
La vida espiritual no consiste en hacer muchas cosas para Dios, sino en vivir conectados con Dios.
Jesús declaró: "Permaneced en mí, y yo en vosotros". (Juan 15:4). Una rama separada de la vid puede conservar su apariencia verde por algunos días, pero está condenada a secarse.
No importa cuánto se esfuerce la rama; jamás podrá producir fruto por sí misma.
De la misma manera, el creyente separado de Cristo puede aparentar espiritualidad por un tiempo, pero tarde o temprano se agotará. La fuente de la vida cristiana no es el esfuerzo humano, sino la conexión divina. "La santidad no consiste en esforzarse más, sino en permanecer más cerca de Cristo."
Ilustración bíblica: Moisés en el monte
Cuando Moisés descendió del Sinaí, algo había cambiado.
No llevaba un diploma. No llevaba una medalla. Llevaba un rostro iluminado. ¿Por qué?
Porque había pasado tiempo con Dios.
La gente no vio solamente a Moisés; vio la evidencia de que había estado con Dios.
Lo mismo sucede hoy.
La presencia de Cristo deja huellas visibles.
"No puedes pasar tiempo diariamente con Jesús sin que Jesús deje señales visibles en tu vida."
Aplicación
Cuando Cristo habita en nosotros:
El orgullo disminuye.
La gratitud aumenta.
La crítica disminuye.
El gozo aumenta.
La ansiedad disminuye.
La confianza aumenta.
Muchos buscan gozo, placer, satisfacción, realización y felicidad en:actividades, entretenimiento, logros y reconocimiento.
Pero Cristo sigue diciendo:
"Separados de mí nada podéis hacer." (Juan 15:5)
Por eso Elena White escribió:
"Cristo declara que si permanecemos en él, nuestro gozo será completo" (Exaltad a Jesús, p. 103, 5 de abril).
El cristiano no vive de emociones religiosas ocasionales.
Vive de una relación permanente.
Pero la verdadera comunión con Cristo siempre sale del ámbito personal y se refleja en nuestra manera de relacionarnos con otros. Cuando Cristo vive en nosotros, algo comienza a cambiar en nuestras relaciones con los demás.
La segunda evidencia apunta precisamente hacia allí.
II. SEGUNDA EVIDENCIA: UN CORAZÓN LLENO DE INTERÉS POR EL BIENESTAR DE LOS OTROS
"Que todos sean uno". (Juan 17:21)
Elena White identifica un problema muy común:
"Existe ese egoísmo en el corazón humano que nos induce a concentrar nuestros pensamientos en nosotros mismos" (Cada Día con Dios, p. 272).
Ella afirma que uno de los grandes peligros es concentrarnos únicamente en nosotros mismos. El egoísmo es la enfermedad más antigua del pecado. Pero el egoísmo es incompatible con el cristianismo.
Cristo vino a enseñarnos el camino contrario. Cristo vivió para otros.
Una maestra entregó a cada alumno un globo.
Cada uno escribió su nombre y los globos fueron mezclados.
Después dio una orden:
—Tienen tres minutos para encontrar su propio globo.
Hubo caos. Empujones. Frustración. Nadie encontró el suyo.
Entonces la maestra dijo:
—Tomen cualquier globo y entréguenselo a la persona cuyo nombre aparece escrito.
En menos de un minuto todos tenían su globo.
La lección fue simple:
Cuando cada uno busca lo suyo, toda la comunidad sufre. Cuando todos buscan lo suyo, nadie encuentra lo que necesita. Cuando ayudan a otros, todos son bendecidos.
"La fe madura cuando deja de preguntar '¿qué necesito yo?' y comienza a preguntar '¿qué necesita mi prójimo?'."
Mientras muchos observan, pocos asumen sus responsabilidades para con el prójimo.
Ejemplo bíblico: Bernabé
Mientras otros veían defectos en Marcos, Bernabé vio potencial.
Mientras otros descartaban, Bernabé restauraba.
Mientras otros criticaban, Bernabé animaba.
No es casualidad que su nombre signifique: "Hijo de consolación." (Hechos 4:36)
Dios sigue buscando personas así en la iglesia.
Personas que edifican en lugar de destruir.
¿Cómo sé si Cristo vive en mí?
No solamente por cuánto oro.
No únicamente por cuánto conozco la Biblia.
Sino por cómo trato a:
mi familia,
mis hermanos en la fe,
los necesitados,
quienes piensan diferente.
Preguntémonos:
¿Quién necesita una palabra de ánimo?
¿Quién necesita una visita?
¿Quién necesita una oración?
¿Quién necesita ser escuchado?
El amor cristiano no es teoría.
Es servicio práctico.
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". (Gálatas 6:2)
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". (Gálatas 6:2)
Sin embargo, existe una razón más profunda para vivir así.
No servimos porque sea una obligación.
Servimos porque hemos sido comprados por Cristo.
III. TERCERA EVIDENCIA: UNA CORAZÓN LLENO DE PASIÓN POR LA MISIÓN
"No sois vuestros". (1 Corintios 6:19)
Esta es una de las verdades más revolucionarias de la Biblia. Aunuque vivimos en una cultura que repite: "Mi vida es mía."
Cristo declara: "Tu vida fue comprada por mi sangre." No nos pertenecemos. Fuimos comprados por el precio infinito de la sangre de Cristo.
Ilustración: La moneda perdida
Un niño tenía una moneda antigua de gran valor.
Un día la perdió.
Después de buscarla durante horas finalmente la encontró entre el barro.
Cuando alguien le preguntó por qué había hecho tanto esfuerzo para recuperarla, respondió:
—Porque es mía.
Esa es la razón por la que Cristo vino por nosotros.
No porque fuéramos valiosos primero.
Sino porque éramos suyos.
"El Calvario demuestra cuánto vales para Dios y a quién perteneces."
Sin cristo somos una vida desafinada y desatinada. Pero en sus manos nuestra vida adquiere propósito, belleza y valor eterno.
Y cuando comprendemos que pertenecemos a Dios, dejamos de preguntar qué queremos hacer y comenzamos a preguntar qué quiere Él que hagamos.
Ejemplo Bíblico: Pablo
Pablo pasó de decir: "Yo"
A decir: "Con Cristo estoy juntamente crucificado". (Gálatas 2:20)
Toda su existencia cambió.
Sus talentos. Su tiempo. Sus recursos. Sus sueños. Su misión
Todo fue colocado al servicio de Cristo.
Después de contemplar la gloria divina, Isaías exclamó: "Heme aquí, envíame a mí." (Isaías 6:8)
El encuentro con Dios transformó inmediatamente su misión.
Ahora la pregunta ya no es:
¿Qué me conviene?
¿Qué me gusta?
¿Qué prefiero?
La pregunta es: ¿Cómo puedo glorificar a Dios hoy?
Cuando comprendemos que pertenecemos a Dios:
Administramos mejor nuestro tiempo.
Cuidamos nuestro cuerpo.
Honramos a Dios con nuestras palabras.
Servimos con nuestros talentos.
Vivimos con propósito eterno.
Sección especial para los jóvenes
Querida juventud:
La sociedad intenta convencerte de que tu identidad está en la apariencia, el éxito o la aceptación social. Vivimos en la generación de las redes sociales, de los filtros, de la imagen perfecta y de la aprobación inmediata.
Pero Dios dice algo diferente. Dios no te llama a ser popular. Te llama a ser auténtico.
El mundo te dirá:
—Haz lo que te haga feliz.
Cristo te dice:
—Permanece en mí y encontrarás un gozo más profundo que la felicidad pasajera.
El mundo te dice:
—Piensa primero en ti.
Cristo te dice:
—Ama como yo amé.
El mundo te dice:
—Tu vida te pertenece.
Cristo te recuerda:
—Fuiste comprado por un precio infinito.
Tu valor no depende de:
cuántos seguidores tienes,
cuántos "me gusta" recibes,
cuánto dinero posees,
o qué opinan los demás de ti.
Tu valor fue definido en una cruz.
Cristo te amó antes de que fueras perfecto.
Te llamó antes de que estuvieras listo.
Y tiene un propósito para tu vida que es más grande que cualquier tendencia pasajera.
Nunca olvides que tu verdadero valor no proviene de cuántas personas te siguen; proviene de que el Rey del universo te ama.
"No es suficiente entrar en la guerra contra el mal, debemos continuar en ella hasta el fin. No pensemos en ceder. Debemos pelear la buena batalla de la fe hasta el mismo fin. Al vencedor se le promete la victoria triunfal. “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. Apocalipsis 2:7". RAJ, 142.
"Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes." (1 Timoteo 4:12)
No vivas para impresionar personas.
Vive para agradar a Dios.
Conclusión:
Hoy hemos visto que un verdadero cristiano
Refleja la presencia de Cristo.
Refleja el amor de Cristo.
Refleja un compromiso total con la misión de Cristo.
La pregunta no es si asistimos a la iglesia.
La pregunta es:
¿Estamos reflejando a Jesús?
"Mirémonos cuidadosa y críticamente a nosotros mismos. ¿Hemos violado los votos que tomamos cuando fuimos bautizados? ¿Estamos muertos al mundo y vivos para Cristo? ¿Estamos buscando las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios? ¿Está cortado el cable con el que estamos anclados a la Roca eterna? ¿Vamos a la deriva, arrastrados por la corriente hacia la perdición? ¿No haremos esfuerzos para avanzar y tomar impulso en nuestro camino hacia arriba? No vacilemos más, sino movamos los remos vigorosamente y hagamos nuestras primeras obras antes que naufraguemos sin esperanza" RAJ, 142.
Llamado
Quisiera hacerte algunas preguntas muy personales:
¿Está Cristo ocupando el primer lugar de tu vida?
¿Estás permaneciendo diariamente en Cristo?
¿Hay alguien a quien necesitas amar, perdonar o ayudar?
¿Se nota que tu vida pertenece realmente a Dios?
Si alguien observara tu vida durante una semana, ¿descubriría evidencias de que Cristo habita en ti?
¿Está dispuesto a que la misión de Dios sea tu misión?
¿Quieres ir donde Dios mande y vivir para su gloria?
Hoy el Señor nos invita a una experiencia más profunda.
No solamente a creer en él.
No solamente a hablar de él
Sino a manifestar sus evidencias.
Oración final
Padre amado, venimos delante de Ti reconociendo que muchas veces hemos llevado el nombre de cristianos sin reflejar plenamente el carácter de Cristo. Reconociendo que muchas veces hemos vivido por debajo de los privilegios que nos has concedido
Perdónanos por los momentos en que hemos vivido desconectados de Ti, preocupados únicamente por nosotros mismos y olvidando que pertenecemos a tu reino. Nos has comprado con la sangre preciosa de Jesús y, sin embargo, con frecuencia actuamos como si todavía perteneciéramos al mundo.
Perdona nuestra indiferencia, nuestro egoísmo, nuestra falta de amor y la escasa comunión que hemos mantenido contigo. Haznos participantes de tu naturaleza divina. Que cada día permanezcamos unidos a Cristo como el pámpano a la vid. Llena nuestro corazón con el gozo del cielo, un gozo que no dependa de circunstancias, sino de tu presencia. Que nuestra comunión contigo sea tan profunda que el gozo de Jesús llene nuestro corazón. Danos ojos para ver las necesidades de quienes nos rodean y un espíritu dispuesto a amar, servir y restaurar. Enséñanos a amar, a servir, a perdonar y a llevar las cargas de nuestros hermanos. Quita de nosotros toda dureza, orgullo y autosuficiencia.
Señor, recordamos hoy que no somos nuestros. Fuimos comprados con la sangre preciosa de Jesús. Consagramos nuevamente nuestra vida a Ti. Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros dones, nuestro tiempo, nuestra familia y nuestros sueños te pertenecen. Que cada palabra, cada decisión y cada acción glorifique tu santo nombre.
Que al salir de este lugar las personas no vean simplemente seres humanos imperfectos, sino destellos del amor de Cristo reflejados en nuestra vida.
Y cuando Cristo venga en las nubes de los cielos, permite que estemos entre aquellos que reflejaron su carácter y vivieron para su gloria.
En el nombre precioso de Jesús.
Amén.
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