INTRODUCCIÓN
Pr. Elias Brenha
Hoy vamos a hablar sobre algunas actividades importantes que debemos desarrollar en nuestra familia con el propósito de fortalecerla espiritualmente.
Hay un pensamiento que dice: “La casa que construimos no es importante. Lo importante es la familia que construimos dentro de ella”.
Sé que si todos pudiéramos, tendríamos casas amplias, cómodas, con muebles bonitos. Sin embargo, la mayor preocupación cuando hablamos de familia debería volverse hacia su estructura emocional y espiritual. Y eso no lo construimos con ladrillos, argamasa y revestimientos caros, sino con comunión, relacionamiento y oración.
La base de nuestra reflexión de hoy está en Mateo 7:24-27.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.
Para Jesús, la edificación espiritual de nuestra familia depende de solo dos cosas:
I – DEPENDE DEL TIPO DE PADRES O CÓNYUGES QUE SOMOS
Para Jesús, existen dos tipos: los prudentes y los insensatos.
¿Cuáles son las diferencias entre ellos?
1. Los padres y cónyuges prudentes ordenan su familia de tal forma que Dios se vuelve su autoridad máxima, la Biblia, su manual de instrucciones, y la oración, su arma más poderosa. Sin embargo, los padres y cónyuges insensatos priorizan más la formación intelectual que la formación espiritual; priorizan más la apariencia que la esencia.
“Una familia bien ordenada y disciplinada influye más en favor del cristianismo que todos los sermones que se puedan predicar. Una familia tal prueba que los padres han sabido seguir las instrucciones de Dios y que los hijos le servirán en la iglesia. La influencia de ellos aumenta; porque a medida que dan a otros, reciben para seguir dando. El padre y la madre hallan en sus hijos auxiliadores que comunican a otros la instrucción recibida en el hogar. El vecindario en el cual viven recibe ayuda, porque se enriquece para esta vida y para la eternidad” (HC, 26).
2. Los padres y cónyuges prudentes reconocen su familia como un taller, donde cada uno trabaja por el bien de todos, y todos trabajan por el bien de cada uno; mientras que los padres y cónyuges insensatos transfieren responsabilidades.
“En su familia, el padre representa al Legislador divino. Colabora con Dios cumpliendo los misericordiosos designios de él, afirmando a sus hijos en los principios justos. Es el sacerdote de la familia, que dispone sobre el altar de Dios el sacrificio matutino y vespertino. [...] debe confesar a Dios los pecados cometidos durante el día por él mismo y por sus hijos” (HC,189).
“La madre es la reina del hogar, y los niños son sus súbditos. Ella debe gobernar sabiamente su casa, en la dignidad de su maternidad. Su influencia en el hogar ha de ser suprema; su palabra, ley. [...] Se debe enseñar a los niños a considerar a su madre, no como una esclava cuyo trabajo consiste en servirlos, sino como una reina que ha de guiarlos y dirigirlos enseñándoles renglón tras renglón, precepto tras precepto” (HC, 207).
3. Los padres y cónyuges prudentes se preocupan por el desarrollo físico, moral y espiritual de la familia, mientras que los padres y cónyuges insensatos tercerizan esa responsabilidad.
El poeta británico Samuel Taylor cuenta que, luego de conversar con un hombre que creía que los niños no deberían tener ningún tipo de instrucción por parte de los padres y que deberían ser dejados libres para elegir y tomar sus propias decisiones, principalmente en la cuestión religiosa, lo invitó a visitar su jardín, que estaba un poco abandonado.
Cuando ese hombre llegó, dijo: “¿A esto llama jardín? Aquí no hay nada excepto monte y hierbas dañinas”.
Entonces, Samuel Taylor le respondió: “¿Sabe lo que ocurre? Traté de no intervenir de ninguna forma en la libertad del jardín. Solo le estaba dando la oportunidad de que expresara su propia voluntad”.
Obviamente, ese hombre creía, como millones de personas creen, como algunos educadores modernos piensan. Muchos padres, por ser omisos en su disciplina, al final cosechan en el jardín de la vida de sus hijos solo hierbas dañinas.
II – DEPENDE DEL FUNDAMENTO SOBRE EL CUAL ESTAMOS EDIFICANDO LA FAMILIA.
El texto habla de dos fundamentos: la roca y la arena.
Los padres y cónyuges prudentes edifican sobre la Roca. Sin embargo, los padres y cónyuges insensatos edifican sobre la arena.
La gran pregunta que debemos responder es la siguiente: ¿Cómo podemos edificar nuestra familia sobre la Roca?
1. Priorizar la comunión en familia
“Cada hogar cristiano, mañana y tarde debería honrar la hora del sacrificio de la alabanza y la oración. Durante el culto matutino y vespertino las oraciones fervientes deberían ascen- der a Dios pidiendo su bendición y orientación. ¿Será que el Dios del cielo pasará por esas familias sin dejarles su bendición? Por cierto que no. Los ángeles escuchan las plegarias expresadas con fe y llevan las peticiones a Jesús, que está ministrando en el santuario celestial para abogar en nuestro favor. La oración sincera se apodera de la omnipotencia que nos concede la victoria. Sobre las rodillas el cristiano obtiene la fortaleza para resistir la tentación” (RP, 140).
2. Hacer del hogar una pequeña iglesia
“Cada familia es una iglesia en la que presiden los padres. La primera consideración de los padres debiera ser trabajar por la salvación de sus hijos. Cuando el padre y la madre, como sacerdote y maestra de la familia, toman su posición plenamente del lado de Cristo, se ejercerá en el hogar una buena influencia. Y esta influencia santificada se sentirá en la iglesia y será reconocida por cada creyente. Debido a la gran falta de piedad y santificación en el hogar, se estorba grandemente la obra de Dios. Nadie puede llevar a la iglesia una influencia que no ejerce en su vida familiar ni en sus relaciones comerciales” (Conducción del niño, p. 521).
3. Asistir a los cultos en la iglesia
“Los padres y las madres debieran convertir en una regla que sus hijos asistan al culto de la iglesia durante el sábado, y debieran reforzar esa regla con su propio ejemplo [...] Todos los que han formulado los votos bautismales se han consagrado solemnemente al servicio de Dios. Están bajo la obligación de un pacto de colocarse y colocar a sus hijos en un lugar donde puedan obtener todos los incentivos posibles y el ánimo para la vida cristiana” (CN, 502).
4. Ser ejemplos para los hijos en la conducta moral y espiritual
“Es todavía verdad que los niños son más susceptibles a las enseñanzas del Evangelio; sus corazones están abiertos a las influencias divinas, y son fuertes para retener las lecciones recibidas. Los niñitos pueden ser cristianos y tener una experiencia de acuerdo con sus años. Necesitan ser educados en las cosas espirituales, y los padres deben darles todas las ventajas a fin de que adquieran un carácter semejante al de Cristo” (El Deseado de todas las gentes, p. 474).
5. Ser fieles al guardar el sábado
“Cuando el sábado comienza debemos ponernos en guardia, velar sobre nuestros actos y palabras, no sea que robemos a Dios, dedicando a nuestro uso el tiempo que pertenece estrictamente al Señor. No debemos hacer ni permitir que nuestros hijos hagan trabajo alguno para ganarse la vida, ni cosa alguna que podría haberse hecho durante los seis días hábiles. El viernes es el día de preparación. Entonces puede dedicarse tiempo a los preparativos necesarios para el sábado, y a pensar y conversar acerca de ello. Nada de lo que a los ojos del cielo es considerado como violación del santo sábado debe dejarse para ser dicho o hecho en el día de reposo. Dios requiere no sólo que evitemos el trabajo físico en sábado, sino que disciplinemos nuestra mente para que se espacie en temas sagrados” (2TI, 618).
¡Cuántos consejos sabios!
Quien edifica su familia sobre la Roca tiene como autoridad máxima en el hogar al Señor Jesús, como manual de instrucciones a la Santa Biblia y como al arma más preciosa a la oración.
Quien edifica sobre la arena gasta menos, pero la durabilidad de esta casa es corta.
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre in- sensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-25).
Quien edifica sobre la arena gasta menos, pero la durabilidad de esta casa es corta.
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre in- sensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:26-27).
CONCLUSIÓN
¿Pasó alguna vez por lugares como una calle o una calzada que estuviera pasando por un proceso de mejoras donde se podía leer una placa con las siguientes palabras: “Disculpe las molestias, estamos trabajando”? Después de algunas semanas, usted pasa nuevamente por el lugar, percibe que todo está bonito, y dice: “¡Qué bueno! ¡Qué obra espectacular!”. Usando esta analogía, quiero preguntarle: ¿Cuándo fue la última vez que puso un cartel en las avenidas de su familia con las siguientes frases: “Disculpe las molestias. Estamos trabajando”?
Si usted quiere ver a su familia ser edificada en la Roca, no tenga miedo de entregarle esa obra al Espíritu Santo para que él la realice.
Ninguna obra de construcción o reconstrucción será tarea fácil, pero vale la pena. Nunca lo olvide: “NINGÚN ÉXITO COMPENSA EL FRACASO DE LA FAMILIA”.
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